miércoles, 31 de octubre de 2018

UN AÑO BUSCANDO MAMÍFEROS

Este post se irá completando a lo largo de un año, de berrea a berrea, y en él contaré en un breve texto mis encuentros con nuestros mamíferos a lo largo de este tiempo. Para ser merecedor de entrar en este listado deberé haberle sacado al menos una foto mala.

RATA PARDA (RATTUS NORVEGICUS)

Rata parda (Rattus norvegicus) (16/10/18)
En el puerto de Colindres puedes coincidir con otros vecinos además de nuestras típicas aves marinas. La rata parda se mueve con cautela entre las piedras del espigón. Se muestran activas durante el día y, aunque son fáciles de ver, no lo son tanto a la hora de retratarlas. En cuanto te localizan, y lo hacen con facilidad, se esconden entre los grandes pedruscos y no volverán a asomar por el mismo lugar ante tu desesperación. En mínimo sonido del enfoque o del obturador los alerta, así que sólo tendrás una oportunidad para fotografiarlo.
 Se alimenta de desperdicios humanos y pueden ser muy abundantes, demasiado en ocasiones, en zonas urbanas. Para controlar estos excesos poblacionales, la Naturaleza se ha dotado de temibles depredadores, bastante abundantes en Cantabria; Armiños y Comadrejas comparten hábitat con la mayoría de los roedores de los que se alimentan.


CORZO (CAPREOLUS CAPREOLUS)

 Corzo (Capreolus capreolus) (04/10/18)
Para observar a nuestro más pequeño cérvido no tenemos que hacer gran cosa. Únicamente madrugar un poquito y buscar por zonas de prados cercanas a bosquetes,  parajes tranquilos, incluso junto a los asentamientos humanos. Es una especie cada vez más abundante en Cantabria y es una gozada poder disfrutar de ellos tranquilamente. 

 Corzo (Capreolus capreolus) (04/10/18)
A pesar de todas las precauciones tomadas para no molestar a los corzos es fácil que te descubran con sus finísimos sentidos y decidan marchar a cierta distancia. Esta pareja primero se alejó de mí, pero a los pocos segundos volvieron hacia mi posición alertados por una pareja de senderistas que les debieron parecer más peligrosos y que ni siquiera se percataron de la presencia del duende del bosque a escasos metros de su paseo matutino.


CIERVO ROJO (CERVUS ELAPHUS)

 Ciervo rojo (Cervus elaphus) (03/10/18)
Es miércoles y el día amanece totalmente despejado en un apenas reconocible otoño. Aprovechamos que tenemos la tarde libre para acercarnos en familia a las zonas más elevadas del Valle de Cabuérniga para escuchar la imponente berrea del ciervo. Una vez llegados al punto elegido para aparcar, caminamos a un lugar más tranquilo y colocamos los telescopios apuntando a los montes que tenemos enfrente en busca de los elegantes cérvidos. Poco a poco van apareciendo grupos de hembras y jóvenes que vigilan a los humanos que pasean por una de las innumerables pistas que dividen y desestructuran desgraciadamente nuestras preciosas montañas. Un pastor acompañado de su perro conduce a gritos una docena de vacas. Un centenar de chovas piquirrojas levantan vuelo de la pradería para volverse a posar prácticamente en la misma zona. Las ciervas, a pesar de todo, continúan con sus quehaceres, alimentándose y conduciendo a sus crías por terrenos más seguros, y correteando los más vigorosos cervatos, ajenos a la actividad humana que sucede a poco menos de 100 metros de ellos. A los machos apenas se les escucha y, de momento no se dejan ver, ocultos en los bosques.

Ciervo rojo (Cervus elaphus) (03/10/18)
El sol se va ocultando y la temperatura baja repentinamente. Unos zorzales charlos nos sobrevuelan emitiendo su modesto reclamo al tiempo que un pito real, mucho más escandaloso, pasa a nuestros pies ocultándose en el misterioso bosque. Llegó la hora de los grandes machos. Los berridos de los más excitados resuenan por la montaña. Poco a poco van saliendo de los protectores bosques. Nos centramos en un macho que venteando los aires montanos se acerca a un par de hembras. Él se exhibe con sonoridad mayestática. Sin embargo ellas no parecen muy interesadas y no dejan que el galán consuma sus ardorosos deseos. La luz baja y el frío aumenta. Los niños se vuelven niños y alborotan. Es el momento de abandonar el lugar. Seguro que nuestro macho será atendido como corresponde a un poderoso y espectacular ejemplar del que llaman príncipe de los bosques. Sucederá en la intimidad de la noche, a la luz de la luna, ausentes ya los inoportunos humanos que hace tiempo dejaron de ser un integrante más de la naturaleza para convertirse en elementos de tensión para el resto de la fauna.
¡¡Bravo, príncipe de los bosques!!

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